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La emotiva despedida de Simon Peres al teniente coronel Jonathan Netanyahu

Este panegírico fue extraído del libro Las Cartas de Jonathan Netanyahu


Panegírico para el teniente coronel Jonathan Netanyahu pronunciado por Simon Peres, ministro de Defensa de Israel el 6 de julio de 1976.


La Operación Entebbe supone un hito en la historia militar pues atestigua que Israel no solo es capaz de defender sus fronteras, sino que también es capaz de mantener una posición firme defendible.


Contra una ola de terror auspiciada por el ejército y el presidente de Uganda, a una distancia de más de cuatro mil kilómetros de casa y en menos de una hora, la postura de todo el pueblo judío —de hecho, la postura de todos los hombres libres y responsables del mundo entero— quedó patente.


La operación entramaba unos riesgos enormes, pero se trataba de un riesgo que se antojaba más justificable que el otro al que nos enfrentábamos: el riesgo de rendirnos ante terroristas y extorsionadores, un riesgo inherente a la sumisión y a la capitulación.


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El momento más complejo de aquella noche de heroísmo tuvo lugar cuando llegó la amarga noticia de que una bala se había llevado el corazón de uno de los mejores hijos de Israel, uno de sus guerreros más valientes y uno de los comandantes más prometedores de las fuerzas de defensa israelíes: el glorioso Jonathan Netanyahu.


Anteriormente le había visto en varias ocasiones liderando a sus hombres en alguna parte del país, entregándose en cuerpo y alma al entrenamiento para cualquier posible batalla, siempre firme y tranquilo, un comandante natural sobre el terreno.


Cuando este apuesto hombre asumió el mando de su unidad, ya estaba considerado como un inusualmente talentoso comandante que progresaba hacia los escalafones más altos de una unidad y que trabajaba incansable e incesantemente por la libertad de su pueblo.


¿Qué responsabilidades no recayeron sobre los hombros de Jonathan y sus camaradas? Asumió las tareas más difíciles de las fuerzas de defensa israelíes, las operaciones más peligrosas, misiones lejos de casa y cerca del enemigo, la oscuridad de la noche, la soledad del guerrero, la lucha contra lo desconocido y todos los peligros que acechan tanto en tiempo de paz como de guerra.


Hay momentos en los que el destino de un pueblo entero descansa sobre los hombros de un puñado de guerreros y voluntarios a quienes se les encomienda la misión de asegurar la integridad de nuestro mundo en menos de una hora. En esos momentos no tienen a nadie a quien preguntar, a nadie a quien pedir ayuda; solo los comandantes sobre el terreno pueden determinar el destino de la batalla.


El objetivo principal de la operación Entebbe era que la fuerza de Israel, que una fuerza de Israel, rescatase a los pasajeros de un vuelo que habían sido secuestrados por un grupo de árabes y alemanes por el mero hecho de ser israelíes. Yoni fue el comandante de la fuerza a la que se encomendó la tarea del rescate y la liberación.


No se le eligió para esta misión por casualidad; era conocido como un libertador incansable y audaz. En el documento que acompañaba a la medalla al valor que le fue concedida (tras la guerra de Yom Kipur) rezaba:


«Cuando un oficial de alto rango fue herido en Tel Shams y tras un primer intento de rescate fallido, el comandante Jonathan Netanyahu se ofreció voluntario para liderar el escuadrón de rescate y su operación tuvo éxito. Su valor, la prontitud de sus acciones y su insistencia en llevar a cabo la misión, sirvieron de inspiración para sus hombres».


Jonathan era un comandante ejemplar. Gracias a su espíritu valiente superaba a sus enemigos, gracias a su sabiduría se ganó los corazones de sus camaradas. El peligro no le desalentaba y los triunfos no eran algo que le hinchara el pecho. Se trataba de un hombre que se exigía mucho a sí mismo y que entregó al ejército su agudeza mental, sus aptitudes para la acción y sus habilidades en el combate.


En la universidad estudiaba filosofía. En el ejército impartía lecciones de abnegación. Compartió con sus soldados su amabilidad como persona y también les inculcó su tranquilidad a la hora de tomar decisiones en la batalla.


Este joven se encontraba entre aquellos que comandaron una operación que fue impecable. Para nuestra desgracia, esta operación conllevó sacrificios de un dolor incomparable —el primero del equipo de asalto, el primero en caer—. Gracias a unos pocos se salvaron muchas vidas; gracias a aquel que cayó, una nación doblegada por una pesada carga pudo volver a erguirse.


De él, de ellos, se puede decir en palabras de David:


«Más ligeros que águilas,

más fuertes que leones…

¡Oh Jonatán, muerto en las alturas!

Angustia tengo por ti, hermano mío…

Fuiste dulce conmigo,

y más maravilloso fue tu amor…»


La distancia en el espacio entre Entebbe y Jerusalén ha reducido la distancia en el tiempo entre Jonatán, hijo de Saúl, y Jonathan, hijo de Benzion.


Tal heroísmo albergaba en su pecho como lamentación dejó en el corazón de su pueblo.


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