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«No en nombre de Dios»




Les presentamos el comienzo de un libro que no te dejará indiferente: «No en nombre de Dios» escrito por el gran Rabino Jonathan Sacks.


Este libro refuta a quienes matan en nombre del Dios de la vida, a quienes hacen la guerra en nombre del Dios de la paz, a quienes odian en nombre del Dios del amor y a quienes practican la crueldad en nombre del Dios de la compasión.


Así comienza el libro:


"Los hombres nunca hacen el mal tan completa y alegremente como cuando lo hacen por convicción religiosa" (Blaise Pascal).

Cuando la religión convierte a los hombres en asesinos, Dios solloza.


Así nos lo dice el libro del Génesis. Habiendo hecho a los seres humanos a su imagen y semejanza, Dios ve al primer hombre y a la primera mujer desobedecer el primer mandamiento, y al primer niño humano cometer el primer asesinato. En un corto espacio de tiempo, «el mundo estaba lleno de violencia».


Dios «vio cuán grande había llegado a ser sobre la Tierra la maldad de la raza humana». Leemos entonces una de las frases más punzantes de la literatura religiosa. «Dios lamentó haber hecho al hombre sobre la Tierra y sufrió en sus entrañas» (Gn 6, 6).


Demasiado a menudo en la historia de la religión, la gente ha matado en nombre del Dios de la vida, ha hecho la guerra en nombre del Dios de la paz, ha odiado en nombre del Dios del amor y ha practicado la crueldad en nombre del Dios de la compasión. Cuando esto sucede, Dios habla, a veces en voz baja, casi inaudible frente al clamor de aquellos que dicen hablar en su nombre. Lo que dice en esos momentos es: «No en mi nombre».


La religión en forma de politeísmo apareció en el mundo como una legitimación del poder. No solo no existía separación entre la Iglesia y el Estado; la religión era la justificación trascendental del Estado. ¿Por qué había jerarquía sobre la Tierra? Porque había jerarquía en el cielo. Así como el sol gobierna el cielo, el faraón, el rey o el emperador gobernaban el país. Cuando algunos oprimían a otros, o unos pocos gobernaban a muchos, y poblaciones enteras eran sometidas a la esclavitud, era —eso se decía— para defender el sagrado orden escrito en la propia estructura de la realidad misma. Sin esto, habría caos. El politeísmo era la legitimación cosmológica de la sociedad jerárquica. Sus monumentales edificios, los zigurats de Babilonia y las pirámides de Egipto, amplias en la base y estrechas en la cúspide, eran los símbolos visibles de la jerarquía.


La religión era la toga de la santidad usada para enmascarar la desnuda persecución del poder.


Es interesante el tema ¿verdad?


Esta es solo la primera página del maravilloso libro «No en nombre de Dios» escrito por el gran Rabino Jonathan Sacks.


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