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Ruiz-Gallardón a favor de convertir en permanente el derecho a obtener la nacionalidad a sefardíes

Alberto Ruiz-Gallardón, a favor de convertir en permanente el derecho de obtener la nacionalidad española a los sefardíes.


En un evento organizado por la Fundación Ramón Areces y Nagrela Editores para conmemorar la Ley 12/2015 en materia de concesión de nacionalidad española a los sefardíes originarios de España; la ley del reencuentro, Alberto Ruiz-Gallardón, reconoció que es absolutamente partidario de reformar esa ley para convertir en permanente y sin fecha de caducidad el derecho de obtener la nacionalidad española.


Uno de los principales promotores de la ley fue el exministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, que comenzó su intervención con una confesión personal: «He tenido una vida pública dilatada. Uno cuando abandona la vida política y tienen una mirada serena puede hacer balance. En estos años fuera de la vida política he llegado a la conclusión que lo más importante que he tenido la oportunidad de hacer tras más de veinte años en el ejercicio de cargos públicos fue la aprobación de la Ley 12/2015 [en materia de Concesión de Nacionalidad Española a los Sefardíes originarios de España]». Y luego añadió que «con todas las dificultades y deficiencias que tuvo la promulgación de la ley, identificamos un sentimiento de muchas generaciones de españoles que durante muchos siglos estuvieron reflexionando sobre el inmenso error que había significado el Edicto de Granada. No era solamente dar un título administrativo, no era solamente reconocer un derecho a los actuales judíos sefaraditas, era mucho más que eso. Era una forma de que España le dijese a esos españoles con los que no podía hablar, pero que se los decía a través de sus descendientes, perdón, que reconocía su error y que lo intentaba reparar volviendo a convocar a esa nación a aquellos a los que injustamente se les separó y se les expulsó.


El exministro reconoció que siendo los judíos expulsados las principales víctimas del error histórico que supuso el Edicto, «el segundo principal damnificado fue la Nación española. No somos conscientes de lo que perdimos con aquella expulsión. No somos conscientes de lo que hubiese sido nuestra historia. España se quedó fuera de la modernización, fuera de esas preguntas que el pueblo judío ha sabido siempre hacerse a sí mismo. España perdió en aquel momento una oportunidad de haberse convertido no solamente en una potencia económica y militar, sino sobre todo una potencia en el plano intelectual y del pensamiento, que seguro hubiese liderado la modernidad desde Europa para todo el mundo».


«La ley lanza un mensaje no solo a las nuevas generaciones de españoles, al decirles que cometimos un error histórico; ellos han sufrido; ellos nos perdonaron desde el primer día; a la madre que les expulso, en lugar de repudiar ellos respondieron conservando su memoria con su lengua, con sus costumbres y con su nostalgia. La clave de esta ley es mandarles un mensaje a la generación actual de que nunca podemos volver a cometer ese mismo error».


Gallardón, ante la pregunta de José Antonio Lisbona sobre lo que supuso el consenso a la hora de aplicar esta ley reconoció «que el Partido Popular podría haber aprobado la ley sin necesidad de consenso al contar con la mayoría absoluta, pero eso ni se planteaba. Recibimos un apoyo incondicional del PSOE desde el primer momento. Y por ello agradezco a la figura de Alfredo Pérez Rubalcaba, en ese momento el portavoz del PSOE en el Congreso, y al Partido Socialista el apoyo que tuvimos».


Sobre la figura de Su Majestad destacó que «el Rey de España quiso realizar una promulgación solemne por primera vez desde que inició su reinado. Una promulgación en el Palacio Real, que significaba lanzar un mensaje que no era algo solamente aprobado por los grupos parlamentarios, sino que era una ley de toda la Nación Española. El Rey no hubiese identificado como propia de la Nación Española la ley sino se hubiese aprobado por el inmenso consenso.


El escritor francés, Pierre Assouline contó la anécdota de que muchas personas en Francia llegaron a creer que Alberto Ruiz-Gallardón es judío, lo que hizo que el exministro reconociera que está seguro que «sangre judía corre por mis venas. Por las mías y por las de todos los españoles. Yo siempre he tenido una vocación de encuentro con el mundo judío derivada de mi propia familia que me hizo ver la oportunidad de corregir un error histórico. No lo hizo por un sentimiento religioso cristiano, de hacer justicia o pedir perdón; era más un sentido de trascendencia histórica. Yo soy cristiano y católico prácticamente, pero eso no lo hice en mi condición de cristiano. Lo hice en mi condición de ciudadano español».


El exministro terminó su intervención con una declaración histórica: «La ley fue un éxito. Pero un éxito interrumpido por la fecha de caducidad. Soy consciente que fuimos nosotros mismos los que introdujimos el plazo de caducidad, pero sin éste la ley no se hubiese aprobado. Hoy, vista la experiencia y dese un análisis deontológico de derechos, no tiene sentido que un derecho que la Nación Española reconoce esté sometido a un plazo. Si ese derecho se tiene por ser descendiente de aquellos judíos expulsados de España, ese derecho tiene que ser permanente. Yo soy absolutamente partidario de reformar esa ley para convertir en permanente y sin fecha de caducidad el derecho de obtener la nacionalidad española, como el caso portugués».


El evento fue presentado por Raimundo Pérez-Hernández y Torra, director de la Fundación Ramón Areces, Rubén Lerner, editor de Nagrela Editores y Michael Sandel, Premio Princesa de Asturias. El acto coincidió con la publicación del libro Cuánto os hemos echado de menos (Nagrela Editores, 2023).


La mesa redonda fue moderada por el historiador José Antonio Lisbona, e intervinieron el exministro de Justicia de España, Alberto Ruiz-Gallardón, el escritor francés, Pierre Assouline y Samuel Bengio, presidente de la Asociación Yad Vashem España.

Ya puedes adquirir en nuestra web la obra Cuánto os hemos echado de menos

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