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Cómo Israel casi aterrizó en la Luna

Actualizado: 13 abr

Usando la historia de Beresheet como trasfondo, el libro StartUp Babies (el título en inglés es To the Moon on a Plastic Bottle) rastrea cómo el estilo cultural de Israel ha convertido al país en un líder mundial en tecnología.

Por: Alan Rosenbaum, Jerusalem Post

Crédito de la imagen: IAI/SpaceIL


¿Quién se viene conmigo a la Luna?, escribió Yariv Bash, un ingeniero informático de 32 años, una mañana del 2010, en su página de Facebook. La fantasiosa publicación de Bash condujo a la creación de SpaceIL, la organización israelí que desarrolló Beresheet, la nave espacial israelí no tripulada que fue lanzada a la Luna en febrero de 2019, que alcanzó la órbita lunar en abril y que, finalmente, se estrelló en la superficie de la Luna el 11 de abril de 2019.


Beresheet fue la primera nave espacial israelí en viajar más allá de la órbita de la Tierra. A su vez, se convirtió en el primer aterrizaje de una nave en la Luna financiado con fondos privados. Aunque finalmente se estrelló, el vuelo cautivó la atención del público israelí, que quedó fascinado con dicho evento.

Usando la historia de Beresheet como trasfondo, StartUp Babies rastrea cómo el estilo cultural de Israel ha convertido al país en un líder mundial en tecnología. Israel tiene más empresas emergentes (startups) que muchos países grandes, incluidos Japón, China, India y Gran Bretaña, y cotiza 63 empresas israelíes en el NASDAQ, la bolsa de valores de EE. UU., más que cualquier otro país extranjero. ¿Cuál es el secreto de la destreza intelectual del país?

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Los autores sugieren que el legado del patriarca judío Abraham, que escuchó el llamado de Dios para dejar su lugar de nacimiento y dirigirse a la tierra desconocida de Canaán, está impreso en el ADN del pueblo judío.


«El impulso para continuar marchando hacia lo desconocido y lo imprevisible —escriben Dan Raviv y Linor Bar-El— sin preocuparse por lo que será, y con la voluntad de romper las convenciones en nombre de las generaciones futuras», es lo que hace que los israelíes sean únicos. Llevando el tema bíblico un paso más allá, citan la expresión de aceptación de la Torá de los israelitas en el Sinaí —haremos y escucharemos— como un llamado a la acción desde la fe completa, incluso durante un tiempo de incertidumbre. Esa cualidad combinada con el descaro israelí, que los autores denominan como audacia, es lo que ha permitido que los israelíes tengan éxito. No es un mandato religioso, explican; «ya sea que creas en Dios, en ti mismo o en tus habilidades; lo principal es creer».


Los autores señalan que «a menudo se considera que los israelíes son talentosos, francos, a veces groseros, vociferantes, impacientes, vulgares y descarados». Están constantemente tratando de colarse en la fila y, al volante, son unos conductores algo «locos». Son estas mismas cualidades, sugieren, las que han ayudado a los israelíes a tener éxito en el mundo de la alta tecnología. La capacidad de impugnar a la autoridad, discutir, desafiar las normas aceptadas y prosperar en el caos de Oriente Medio ha ayudado a los israelíes a tener éxito. Además, la precaria situación del país, rodeado de enemigos, ha hecho de la innovación una misión nacional. Un excelente ejemplo, agregan, es el proyecto Iron Dome, que ha defendido a Israel de miles de misiles enemigos.


Cada capítulo del libro comienza con un breve resumen que cuenta la historia inspiradora de renombrados científicos israelíes que triunfaron contra viento y marea, incluidos los Premios Nobel Daniel Kahaneman, Aaron Ciechanover, Yisrael Aumann, entre otros. Sus experiencias y luchas para tener éxito arrojan luz sobre los éxitos de los jefes de las nuevas empresas israelíes de hoy. Ciechanover, premio Nobel de Química de 2004, que perdió a sus padres a una edad temprana, dijo: «Mi padre me enseñó el dicho: “Una persona no debe pasar por el mundo sin dejar una marca”».


Si bien gran parte del libro describe el espíritu israelí del éxito de la alta tecnología, los autores brindan una descripción fascinante del desarrollo del proyecto Beresheet; desde la primera reunión entre Yariv Bash y sus socios Kfir Damari y Yonatan Winetraub en un bar en Holon, donde el trío esbozó los primeros planes preliminares para su nave espacial, hasta su solicitud para el concurso X Prize, la iniciativa de Google para promover la idea de enviar vehículos espaciales privados a la luna. Bash, Damari y Winetraub solicitaron la asistencia financiera del empresario Morris Kahn, fundador de Amdocs, Sheldon y la Dra. Miriam Adelson, y recibieron asistencia del gobierno israelí. La sonda no tripulada Beresheet, con sus 585 kg, fue la nave espacial más pequeña y menos costosa (aproximadamente 100 millones de dólares) jamás diseñada para volar a la Luna.


En enero de 2018, 11 años después de su anuncio, Google dio por finalizado el concurso, porque ninguno de los equipos había llegado a la fecha final de lanzamiento. A pesar de la cancelación del concurso, los cinco equipos decidieron continuar la búsqueda. El 22 de febrero de 2019, la nave espacial Beresheet se lanzó desde Cabo Cañaveral, Florida, en un vehículo de lanzamiento de SpaceX. El 4 de abril, la nave espacial alcanzó una órbita alrededor de la Luna. En la noche del 11 de abril, el motor principal dejó de funcionar, se perdió la comunicación y se estrelló en la Luna. A pesar del final inesperado, los israelíes se mostraron muy orgullosos del esfuerzo de sus jóvenes. Israel se convertía así en el séptimo país en alcanzar la órbita lunar, y el cuarto país del mundo en intentar aterrizar en la Luna. Poco tiempo después, se anunciaron planes para la creación de una segunda nave espacial no tripulada, que se llamaría Beresheet 2.


StartUp Babies presenta un estudio rápido y preciso de la cultura emprendedora de Israel, y proporciona una comprensión más profunda del pulso acelerado y frenético del país. Si bien no estoy convencido de que las analogías bíblicas presentadas por los autores sean una razón definitiva del llamado genio judío, no hay duda de que el valor que el judaísmo, y por extensión la sociedad israelí, le otorga al conocimiento y al aprendizaje, es una clave componente del éxito militar y de la alta tecnología de Israel.


Esta idea quizás se expresa mejor en la introducción del libro, en la que los autores mencionan una mesa redonda celebrada entre historiadores judíos y árabes a principios de la década de 1990. Uno de los historiadores árabes le pidió al profesor Moshe Lissak, un conocido sociólogo judío, que explicara cómo el pequeño Israel derrotó a los estados árabes en 1948. Lissak respondió: «El gran error que están cometiendo usted y sus colegas es la idea de que vencimos en 1948. Ganamos mucho antes de la Guerra de la Independencia. Ocurrió en 1925, el día que anunciamos el establecimiento de una universidad en Jerusalem».

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