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HÁGASE LA LUZ - Así comienza Innovarás



Así comienza el libro de Avi Jorisch, Innovarás, publicado por Nagrela Editores. No te pierdas el prólogo del libro titulado: Hágase la luz


«[…] también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra». Isaías 49:6


Mi coche rugía por la carretera que sale de Jerusalén cuando oí en la radio la ráfaga sonora que alertaba de un código rojo. Miré hacia atrás a mi hijo pequeño que dormía en su sillita y sentí que el miedo se hacía dueño de mis extremidades.

Era el 8 de julio de 2014 y acababa de pasar por un control de seguridad. Semana tras semana, la guerra con Hamás protagonizaba las conversaciones de la población: Israel acababa de empezar una operación militar en Gaza que tenía como objetivo a los militantes islamistas. Durante años, Hamás –cuyos estatutos demandan la “aniquilación” de Israel y su sustitución por una teocracia islámica– había utilizado túneles subterráneos para introducir armas y materiales de contrabando desde Egipto. Hacia las 6:30 de la tarde, llegué a mi casa, situada en una tranquila calle residencial, y acosté a mi hijo Oren en la cama. Y entonces esperé. Efectivamente, enseguida sonó la sirena de bombardeo aéreo. Hamás había empezado a lanzar misiles a través de la frontera.

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Durante esa primera noche, el grupo militante disparó una serie de misiles M75 hacia Tel Aviv y Jerusalén, dos grandes ciudades que hasta entonces habían creído estar fuera de su alcance. Mientras llevaba a mi hijo cuatro pisos más abajo a un refugio antiaéreo, vi que estaba aterrorizado. Me imaginaba lo asustados que estarían otros niños en Israel y en Gaza. Unos minutos más tarde oímos dos fuertes estruendos, así supimos que ya era seguro volver arriba.

La Cúpula de Hierro del sistema de defensa de Israel había interceptado con éxito los misiles de Hamás.

Durante las siete semanas siguientes, aullaban las sirenas y la escena se repetía. El miedo nunca desaparecía del todo, pero a mi familia, al igual que al resto de Israel, le reconfortaba la existencia de la Cúpula de Hierro. Me sentí maravillado con este invento, que salvó a Israel de verse asolado por el caos y la carnicería que azotaban Oriente Medio. El Estado Islámico se estaba apoderando de grandes extensiones de terreno en Irak y en Siria, violando y asesinando a “no creyentes” a una escala masiva. El régimen de Assad estaba masacrando a su propio pueblo con bombas de barril y con armas químicas, mientras millones de refugiados inundaban la frontera con Turquía, Jordania y el Líbano. En Egipto, los militantes islamistas estaban librando una lucha sangrienta por la insurgencia en la península del Sinaí.

Era deprimente. Yo había crecido creyendo que mi generación podría ver la paz en Oriente Medio. Cuando estaba en la universidad, estudié Historia del Islam y Árabe, me mudé a vivir a El Cairo y viajé por la zona con la esperanza de ser testigo de un cambio duradero. Pero la gente de la región se ha visto asediada por una violencia en apariencia interminable.

No obstante, sucedió algo más ese verano de 2014: descubrí que la Cúpula de Hierro no era el único invento israelí que salvaba vidas. Casi por casualidad, empecé a ver otras innovaciones que contribuían significativamente al camino hacia un mundo más amable, más generoso. Después de 251cada crisis –ya fuese un misil que se estrellaba contra nosotros, un accidente de tráfico o un infarto–, casi de inmediato aparecía un profesional de emergencias montado en una especie de híbrido de ambulancia y motocicleta (conocida como “motoambulancia”), que habían solicitado por medio de una aplicación de teléfono inteligente similar a Uber. Mi jardinero de Jerusalén me explicó que utilizaba un sistema especial de riego por goteo; pronto me enteré de que lo estaban empleando agricultores de todo el mundo para conservar uno de nuestros recursos más importantes, el agua, y así poder alimentar a una población en aumento. A uno de mis compañeros se le diagnosticó párkinson y empezó recibir una estimulación cerebral profunda que lo ayudaba a sobrellevar sus síntomas. Descubrí que el aparato que se empleaba lo habían diseñado Imad y Reem Younis, una pareja árabe de Nazaret. Este invento ha revolucionado la cirugía cerebral por medio de un sistema de GPS que permite a los cirujanos insertar un dispositivo de electrodos en la parte exacta afectada para tratar todo tipo de trastornos psiquiátricos y del movimiento.

Estas historias eran pequeños rayos de esperanza abriéndose paso a través de las tinieblas que aparentemente se apoderaban de la región, y yo quería conectar con este lado de Israel tan alentador. Me puse a buscar a innovadores sociales que trabajasen con desafíos, grandes o pequeños, cuyo objetivo fuese mejorar la vida de millones, incluso miles de millones, de personas de todo el mundo.


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